En la cima de “Ticlio Chico”


Imagen: Claudia Chávez para LaLima

Por: laLima

En “Ticlio Chico” hoy no hace frío. Son las doce de la mañana y estamos parados en la losa deportiva donde, hace menos de una semana, la primera dama de la Nación, Nadine Heredia, celebró su cumpleaños ofreciendo servicios de salud a algunos de los 1,500 pobladores de la zona.

“Si ustedes no llevan a sus niños a los puestos de salud a vacunarse, por las puras estamos invirtiendo en los niños y en las vacunas”, advirtió Heredia.  Al mismo tiempo, aseguró que el gobierno ha dispuesto un presupuesto de 30  millones de soles, aproximadamente, para enfrentar el problema de las bajas temperaturas en los dos asentamientos humanos apodados “Ticlio Chico” en honor al frío que tiene en común con el paso de la cordillera central, Ticlio, de la provincia de Huarochiri en Lima.

Minutos después, el presidente, Ollanta Humala, aparece cargando un ramo de rosas, y al son de “Amor eterno” de Juan Gabriel,  felicita a su esposa por su cumpleaños. La ceremonia finaliza y, algunas horas después, el frío aparece en el Asentamiento Humano “Ciudad de Gosen” en Villa María del Triunfo.

Donaciones congeladas

Los pobladores de la zona, quienes recibieron  frazadas y abrigo el día de la ceremonia, piden que les llegue más  porque no es suficiente a pesar que siempre se concentra las actividades, teletones y repartición de donaciones en la parte baja del cerro. Efectivamente, no todos se pueden beneficiar.

“Los encargados de repartir las donaciones se fueron rápido y quiénes se encontraban en las zonas más alejadas no llegaron a tiempo”, lo asegura Maribel, una pobladora de Ticlio Chico. También recuerda, mientras observa la faena para la construcción de un muro de contención del proyecto Trabaja Perú, para mejorar una de las callecitas que se levantan en el cerro, que la situación es similar cuando llegan los canales de televisión: “vienen con sus cámaras y sólo graban la repartición a los primeros que llegan. Cuando va llegando el resto, ellos guardan sus cosas y se van.”

Al lado del comedor popular ‘Santa Rosa’, la señora Romina, profesora de un nido de color azul y techo de calamina donde asisten niños de entre tres y cinco años, se presenta bien abrigada esta mañana para comenzar con su rutina diaria. Ella cuenta que todos los años vienen canales de noticias para realizar  reportajes sobre las temperaturas bajas del lugar  y, claro, sus niños son parte de ese trabajo periodístico. “Una vez cumplidas su labores, se marchan bien gracias sin cumplir sus promesas de ofrecer a la población alguna que otra donación”. Para ella, eso es una burla por parte de los periodistas porque “a veces sube un reportero para ver pero ahí queda”.  Romina hace una ligera pausa y se prepara para criticar el rol que ha cumplido el Estado en ese lugar: “La ayuda recibida por el Estado nunca es repartida hasta los lugares más altos de Ticlio Chico, yo tengo una mamita, la señora Carmen, que tiene seis hijos y que vive en lo más arriba, y las donaciones que ella recibió son de otras organizaciones no gubernamentales”.

La vida desde lo alto

Maxi, una mamá de 32 años, vive en la cima del cerro junto a 154 familias más. Ella no recuerda que alguna autoridad haya subido hasta donde se encuentran las familias a las que no les llega casi nada de las donaciones de ropa y medicina. Además de no llegarles esa ayuda, también tienen que ingeniarse para conseguir agua ya que el tanque de Sedapal no les abastece y tienen que lidiar con los pandilleros de machete en mano que pasan de un lado del cerro al otro. “Aquí nos hemos acostumbrado a todo eso. Cuando ellos pasan nosotros no salimos. Si estoy afuera me dicen que no hable porque a mí no me pasará nada. Me asusto y me da pena por la persona a la que matarán esa noche. Pero entre nosotros nos ayudamos porque ni nos peleamos por las donaciones como los de abajo. Esa ayuda que llega no viene aquí,  cuando vamos a recoger algo ya no hay. Por eso no nos esperanzamos y trabajamos. Por eso me da cólera cuando nos dicen pobrecitos, eso es bajarnos el autoesima. Yo le digo a mi esposo que consiga pantalones y chompas polares porque es lo único que abriga y seca rápido cuando se lava la ropa. Así que yo no me estoy muriendo como para que me traten así.”


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Las palabras de la primera dama, ahora hacen eco en este lugar, pero al parecer no muchos le creen: “Pero hay comunidades muy lejanas que no pueden venir. Nosotros desde el principio hemos dicho que el Estado debe llegar hasta donde nunca antes llegó porque el Perú es uno solo”.

Las horas comienzan a transcurrir y la neblina, que se encuentra esparcida entre los cerros más altos y lejanos que rodean Ticlio Chico, coquetea  lentamente hasta  caer de forma sorpresiva al finalizar la tarde. Según el Ministerio del Interior en el último reporte del año 2010, en esa zona, la temperatura llega hasta los 9° C.  Los pobladores se ubican en medio de cerros donde los vientos se dispersan a gran velocidad. Mientras tanto, la  humedad se convierte en un habitante más. Pronto la humedad se convierte en agua, humedeciendo las sencillas viviendas. En medio de este panorama, los niños son los más afectados. Ellos se enferman hasta quedar tumbados en cama sin ir semanas enteras a clases. Las madres, preocupadas, ya no piden la ropa abrigadora -que llega rota y totalmente inservible- sino buenos medicamentos que les permitan enfrentarse al frío. En Ticlio Chico la posta parroquial de la zona sólo abre de 4 a 8 pm, los Lunes, Miércoles y Viernes. No es suficiente. A falta de medidas firmes que cambien la situación,  abundan pedidos que van desde apadrinar a la promoción de un nido hasta una promesa de volver a visitar- lo más pronto posible-este lugar que ha estado limitado, hasta el momento, a ser parte de reiterados reportajes de la pantalla chica y, últimamente, a una rápida celebración presidencial. Sólo así se los recuerda.

Ticlio Chico en el mapa limeño: 

Puedes ver aquí más imágenes de Ticlio Chico.

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